Roca Foradada                              


En el corazón del pintoresco valle de Pi, Roca Foradada es uno de los lugares más emblemáticos de nuestro término municipal y el Parque Natural del Cadí-Moixeró. Su belleza, misteriosa y salvaje, se ve favorecida por los bosques de abetos más desarrollados de la Cerdanya y un paisaje vegetal muy rico. Hasta el principio del siglo XX la presencia de lobos en el valle fue notable. Este pequeño circuito, bien asequible, es la mejor manera de conocer la roca y su privilegiado entorno.

Salida: en Bellver, seguimos la carretera local de Pi, donde tomamos a la izquierda la pista del Pradell (indicador). Es de tierra, pero apta para automóviles y acostumbra a encontrarse en estado aceptable. Después de pasar por una cantera (atención si trabajan en ella) llega al Agre (6 km), un área recreativa con fuente, bancos, mesas y un refugio cerca. A partir de aquí la pista es de uso exclusivo ganadero y forestal. Aparcamos el coche.
Horario: 2 h
Desnivel: 340 m
Dificultad: **
Época recomendada: de abril a noviembre
En el Agre (1.355 m), seguimos hacia arriba por la pista. Después de una barrera metálica describe unas cuantas lazadas y sube por la vertiente oriental del Serrat de l’Avetosa. Dejamos una desviación a la derecha. A continuación la pista es llana. Rodeamos un contrafuerte y descubrimos al fondo el pico de Roca Foradada, que no tenemos que confundir con Roca Foradada (Roca Agujereada), a media ladera occidental de la montaña. Entramos en un bosque de abetos conocido como la Avetosa (1.480 m, 0.20 h). La parte más frondosa queda a la izquierda, entre la pista y el fondo del valle. A pesar de que en la Cerdanya hay abetales más extensos, éste es uno de los más ufanos, con abetos centenarios entre los cuales viven también ejemplares de pino silvestre y abedul (denominados pi rajolet y beç en nuestra comarca). Cuando salimos del bosque, Roca Foradada, con su agujero, destaca en el paisaje. La inclinación de la pista es moderada mientras no nos acercamos al torrente de Pi, que cruzamos por un puente. Una vez al otro lado dibuja una lazada a la izquierda para ganar altura. Llegamos así al corral de la Por (1.585 m, 0.40 h), a la derecha, cerca del torrente, conocido con este nombre por a la presencia, antaño, de lobos. Cuentan que los pastores y las bestias que estaban estabuladas no podían dormir de la “por” (miedo) que tenían. Las yeguas (egues en catalán ceretano), para defender a sus potrillos, se ponían en círculo para dejarlos en medio y si algún lobo se acercaba le echaban coces.

Estamos al pie de Roca Foradada. Rodeamos la peña calcárea por un paso espectacular. El panorama de la cabecera del valle es sensacional, dominada por los precipicios del Serrat de la Muga. La pista continúa subiendo con inclinación suave y nos lleva al torrente de las Colladetes (1.620 m, 0.45 h), que quizá puede estar seco si hace días que no ha llovido. La pista hace una curva pronunciada a la derecha. En esa misma curva, a la izquierda (es posible que haya un mojón de piedras), tenemos que fijarnos en un pequeño sendero, al principio desdibujado, que va hacia arriba, entre pinos y bojes, en dirección a Roca Foradada, que ahora vemos por el otro lado. No hay que confundirlo con otro sendero que sigue de cerca el lecho del torrente, sino que nos tenemos que desviar claramente a la izquierda, rectos hacia la base de la peña. Al cabo de unos 100 m el sendero se va definiendo y se convierte en un camino visible. Cruzamos un pedregal y rodeamos Roca Foradada. Si la queremos atravesar por el agujero, de unos 20 m de alto por 8 de ancho y 5 de largo (sin duda es uno de los agujeros naturales más grandes de Catalunya), tenemos que remontar una canal con pedrera y en 10 min estamos en el agujero. Si continuamos por el camino, alcanzamos un pequeño collado (1.695 m, 1.15 h) rodeado por una pineda de pino silvestre con bojes y enebros. Desde aquí vemos Roca Foradada con sus dos peñas calizas y el agujero, también asequible en unos 10 min por este lado a través de unas pendientes herbosas. En otoño, los álamos temblones, los serbales y los arces blancos contrastan con el verde de los pinos y abetos. Al mismo tiempo, la perspectiva del Pradell y la cabecera del valle es excelente.

El sendero sigue siendo llano y se dirige a la sierra de Gavarret. Al cabo de un rato enlaza con un camino ancho (1.640 m, 1.30 h). En realidad se trata de una “carrassera”, pista abierta donde antes los leñadores hacían resbalar troncos de árboles. Bajamos por esa pista hacia la izquierda. La inclinación es cada vez más fuerte. Esto nos permite estar rápidamente en el fondo del valle. Sin atravesar aún el torrente de Pi, lo seguimos por la orilla derecha hasta que encontramos un vado. Entonces lo cruzamos y llegamos, por un camino evidente, al Agre (2 h).


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